Sheinbaum y Fujimori abren una rendija a la polarización en América Latina

Dos mujeres líderes de América Latina han decidido traspasar el muro ideológico que divide la región para normalizar una relación que en 2023, en medio de turbulencias, cumplió dos siglos. Las presidentas de México y Perú, con modelos políticos enfrentados, encontraron la forma de restablecer los lazos diplomáticos entre sus naciones para cerrar un capítulo en el que las descalificaciones abundaron.
El viernes, la presidenta Claudia Sheinbaum reveló el acuerdo reconciliatorio que se forjó a lo largo de las últimas semanas. México y la nueva presidenta peruana, Keiko Fujimori, labraron una negociación para restablecer relaciones. Sin renunciar a ninguna de sus posturas, ambas pueden dar por zanjado un conflicto heredado e iniciar una relación en sus propios términos.
Desde diciembre de 2022, México resintió la forma en que el Congreso peruano destituyó a Pedro Castillo, presidente que está acusado de corrupción y también de haber pretendido disolver el parlamento al verse acorralado. El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador deploró vehementemente el encarcelamiento de Castillo, detenido mientras se aprestaba a dirigirse a la Embajada mexicana.
López Obrador descalificó a Dina Boluarte, exvicepresidenta de Castillo y sucesora por estatuto constitucional. El entonces mandatario mexicano la llegó a llamar “espuria” y dio asilo a la familia de Castillo. La tensión derivó en la expulsión, el 20 de diciembre de 2022, de Pablo Monroy Conesa, embajador de México en Lima, a quien el Gobierno de Boluarte declaró persona non grata.
Las relaciones diplomáticas se rompieron en noviembre de 2025, ya con Sheinbaum como presidenta, cuando Betssy Chávez, ex primera ministra con Castillo, se refugió en la representación mexicana para solicitar asilo. México demandó el salvoconducto y el sucesor de Boluarte, José Jerí, lo negó: ella estaba bajo proceso por conspiración. Brasil resguardaría desde enero de 2026 la sede mexicana.
El impasse afectó un mecanismo de integración regional: López Obrador se negó a entregar la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico al Perú de Boluarte. Esa crisis terminó luego de que, en junio de 2023, el Gobierno de Chile de Gabriel Boric intermediara como receptor de ese cargo y, a las semanas, lo trasladara a Lima. En enero de este año México retomó el ciclo de esa presidencia.
Todo eso ha quedado en el pasado desde el viernes. México y Perú tienen un nuevo entendimiento que destaca tanto por la novedad de que la presidenta Sheinbaum ha dado un notable paso para recuperar terreno en el aislamiento latinoamericano del obradorismo, que se fue dando con crisis como la de Castillo y con el giro a la derecha de varios países del barrio latinoamericano, como por demostrar un pragmatismo sin estridencias.
La presidenta mexicana se ha anotado el restablecimiento de la relación ganando, al mismo tiempo, el salvoconducto para Betssy Chávez, que desde el viernes está en suelo nacional, y el reconocimiento de que puede establecer relaciones con gobiernos de otro signo. Igualmente destacable es que Sheinbaum y Fujimori se han dado el espacio para presentarse como ganadoras.
Ambos países reanudaron relaciones al coincidir en que el caso Castillo no valía un conflicto mayor, manteniendo intactas sus posturas originales. Las comunicaciones ratifican sus posturas al respecto y pasan al siguiente punto. Lo mismo Perú con Betssy Chávez, a la que permitió salir sin cancelar, expresamente, su derecho a luego requerirla en extradición.
Ocurre así un momento nada común en los morenistas, dados a recelar sin estrategia de los gobiernos de derecha. En cuestión de días, México estuvo presente, a través de la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Raquel Serur, en la toma de posesión del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, y restableció la normalidad diplomática con el Gobierno derechista que asumió en Perú el mes pasado.
No sobra decir que el panismo de nueva cuenta incurrió en un despiste, al apersonarse en las ceremonias colombianas de traspaso de poder con la pretensión de apropiarse de lo que consideraban que podría ser un vacío dejado por Sheinbaum. Fue todo lo contrario. La presidenta no desairó al nuevo Gobierno; tuvo un representante acorde al momento y la supuesta visibilidad de los panistas fue, si acaso, para redes sociales. La derecha ahora en el Gobierno de Colombia tiene la claridad de con quién ha de tener exclusiva interlocución en México.
Dentro de Morena, Sheinbaum también gana. Los duros del movimiento apuestan por la ruptura o, al menos, el frío glacial con todos los que no son del barrio filodanielorteguista. La presidenta ha resultado una buena pragmática. Les trajo a Betssy Chávez sin comprar un pleito por Castillo. Al contrario, la normalidad de la relación México-Perú abre puentes empresariales y turísticos para ambas naciones.
Al final, la señal más importante es que el Gobierno mexicano supo negociar con una nación más allá de sus filias y del antecedente de que en Perú el Congreso llegó al extremo de llamar persona non grata a López Obrador.
Con eso en puerta, quizá haya margen para pensar que la presidenta Sheinbaum logrará que la ideología guinda no solo no interfiera en las relaciones mexicanas con países como Colombia, Chile y Argentina, sino que mejoren en la medida de lo posible y a pesar de las personalidades y agendas de Abelardo de la Espriella, José Antonio Kast y Javier Milei, respectivamente.



