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La revuelta regia

La revuelta regia

Actualizado: 16 de Octubre, 2026, 07:56 AM

Morena habría preferido perder Nuevo León antes que entregárselo al Partido Verde. No calculó la rebelión de sus aspirantes

Era de esperarse que el proceso de selección de candidatos de Morena reventara en Nuevo León, su costura más débil. El regio es aguerrido y avezado en los discursos separatistas. El que una decisión tomada desde Ciudad de México haya impuesto una candidata claramente perdedora, como es Clara Luz Flores, fue una afrenta intolerable para el orgullo neolonés. No queda claro que la designada comprenda el papel tan vergonzoso que Morena-centro la invitó a desempeñar. Los números son francos en que Flores está ahí para perder y repetir lo que ya hizo en 2021: transformar una candidatura puntera en una derrota aplastante y entregar la victoria a la oposición.

En aquella elección, Clara Luz perdió una tercera parte de sus apoyos en apenas siete días. Bastó que se filtrara un video en el que aparecía pidiéndole consejos políticos a Keith Raniere, fundador de la secta Nxivm, para que pasara de encabezar las encuestas a terminar en cuarto lugar.

El video con Raniere es patético. Ahí se ve a una Clara Luz nerviosa y casi infantil preguntando al mandamás de la secta qué debe hacer un gobernante ante un pueblo que le pide soluciones fáciles pero inefectivas. Raniere le recomienda “civilizarlos”, “elevarlos” y otras tantas trivialidades que parecen arrancadas de un manual de superación personal. Es vergonzoso observarla tomándose en serio a tal personaje. Qué indigno debió resultar para los regios descubrir aquella mezcla de ambición e ignorancia en quien pretendía gobernarlos.

Clara Luz, sin embargo, no perdió la elección de 2021 por dejarse aconsejar por un vendedor de humo. Perdió por mentir. Lo peor es que lo sigue haciendo. Negó conocer a Raniere. Ahora, como si el electorado padeciera amnesia, la aspirante de Morena recorre los medios asegurando que el asunto “ya se aclaró”. Por supuesto, hasta ahora, lo único que ha aclarado es que ella faltó a la verdad, se le cachó en video y, por eso, perdió la elección de hace cinco.

Qué pasó por la cabeza de Morena-centro cuando decidió abanderar a Clara Luz es un acertijo.

En territorio, circulan explicaciones de todo tipo. Una versión habla de un pacto orquestado por Abel Guerra Garza, esposo de la misma Clara Luz y antiguo priista, para entregar el Estado a su viejo partido. Otra sostiene que el acuerdo sería con Movimiento Ciudadano, que encabeza las encuestas.

Lo que nadie parece contemplar es que Flores pueda llevar a Morena a la victoria. Ese escenario, para efectos prácticos, luce imposible. Según las propias encuestas del partido, su figura genera rechazo entre el 70% de quienes la conocen. Ningún otro aspirante en Nuevo León acumula semejante nivel de negativos. En privado, integrantes de los partidos aliados, el Verde y el Partido del Trabajo (PT), confiesan que con semejante candidata temen incluso perder el registro.

Mi lectura es que Morena tomó la decisión pensando mucho menos en conquistar Nuevo León que en preservar sus equilibrios internos.

El problema era Waldo Fernández. Si las encuestas internas hubieran medido adecuadamente la competitividad electoral, el candidato de la coalición en Nuevo León probablemente habría sido Fernández, del Partido Verde. Su victoria habría supuesto que una tercera parte de las candidaturas que Morena aspira a conquistar en 2027 quedaran en manos del Verde. Los desequilibrios serían demasiados. Para una dirigencia obsesionada con mantener el control, era demasiado. Entregar al Verde la joya industrial del país equivalía a fortalecer a un socio que mañana podría convertirse en adversario. Morena-centro prefirió una probable derrota con Clara Luz Flores que aceptar públicamente que, sin darse cuenta, sus aliados le habían crecido.

Cuentan que conoció su nominación antes que los demás contendientes, sin advertir el papel que le esperaba. Llegó al destape en Ciudad de México radiante y preparada. A los otros aspirantes apenas se les avisó la tarde anterior de que debían comprar un boleto de avión para trasladarse a la capital. La ofensa caló hondo.

Por supuesto, tampoco puede descartarse una explicación bastante menos sofisticada. Tal vez las decisiones de Morena-centro sean menos el resultado de una jugada política maestra que de una estrategia que nunca se pensó mucho. Después de todo, Clara Luz Flores ganó la encuesta porque el instrumento estaba mal diseñado. Su metodología premia el reconocimiento de nombre sin penalizar el rechazo. Para efectos de la puntuación, ser ampliamente conocido puede resultar una ventaja, incluso cuando buena parte del electorado te conoce por razones vergonzosas.

Así, una regla que, en Estados donde Morena es competitiva, suele favorecer al aspirante que más posibilidades tiene de ganar, en Nuevo León, un territorio donde siempre ha perdido, tiene por resultado refrendar tal derrota.

La dirigencia conocía el problema. Según versiones internas, se simuló qué ocurriría si las encuestas descontaran puntos a los aspirantes con altos niveles de rechazo. El resultado era prácticamente el mismo en todos los Estados, pero los ganadores se llevaban victorias con márgenes menos holgados. Se tomó la decisión de no penalizar los negativos para que los aspirantes tuvieran victorias abultadas y existieran menos quejas con el ejercicio. Morena hizo sus cuentas. Podía resignarse a perder Nuevo León a cambio de mantener al Verde bajo control y blindar las nominaciones en el resto del país. El costo parecía manejable.

Con lo que no contaba era con el orgullo regio. Y mucho menos con su encarnación en una de las aspirantes: Tatiana Clouthier.

Para Clouthier, quien coordinó la campaña presidencial de López Obrador en 2018, entregar la candidatura a Flores fue poco menos que un insulto. Era la confirmación de que la dirigencia nacional no estaba dispuesta a librar la batalla política necesaria para llevar la Cuarta Transformación a Nuevo León. Fue ella quien encendió la revuelta y quien, hasta ahora, ha levantado la voz con mayor fuerza.

Que la rebelión haya comenzado con Clouthier tiene algo de tragedia clásica. Hija de Manuel Clouthier, Maquío, uno de los grandes símbolos de la resistencia al poder central y aliada de López Obrador en su campaña más decisiva, lleva la insubordinación política en las venas.

Atrevida, franca y temeraria, no parece concebir la derrota pactada como una opción aceptable. Prefiere confrontar a la dirigencia de su propio partido antes que agachar la cabeza frente a una decisión que considera indefendible.

Morena-centro se encuentra en una encrucijada. Si la dirigencia acepta repetir la encuesta con criterios distintos, como exigen Clouthier y otros inconformes, la candidatura de Clara Luz Flores probablemente se desplomaría. Morena podría mejorar sus posibilidades de conquistar Nuevo León, pero abriría una caja de pandora en el resto del país. Cada aspirante derrotado tendría nuevos argumentos para exigir otra medición.

Existe otra salida, más pragmática y bastante más cínica: dejar que la aspirante designada exhiba durante algunos meses su escasa competitividad y sustituirla cuando la campaña esté más avanzada. Para entonces, las candidaturas de otros Estados estarían suficientemente consolidadas y el riesgo de un contagio de inconformidades sería menor. La ventaja es que Morena podría corregir el error sin admitir que lo cometió.

Queda por ver si la rebelión de Nuevo León será un episodio aislado o el primer síntoma de una fractura mayor. La siguiente prueba podría llegar en Zacatecas, donde también hay señales de que el aspirante desplazado es más competitivo que la candidata favorecida por Morena.

Ahí, Ulises Mejía Haro está tomando la decisión de qué hacer ante una candidatura que, él percibe, le robaron.

Sea cual sea el efecto de la revuelta regia al interior de Morena, lo cierto es que Nuevo León ha vuelto a dar un manotazo en la mesa. Con los neoloneses no se juega al centralismo. Su paciencia en eso es nula.