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Echar huachicol al fuego

Echar huachicol al fuego

Actualizado: 18 de Octubre, 2026, 10:27 PM

Cada vez que surge un problema en algún estado cuyo gobernante no es de su partido, la presidenta se sube en el tema, pero no para ayudar, sino para ahondar el conflicto

Cuando en una casa, una empresa o un gobierno surgen problemas, conflictos, situaciones que se salen de control, lo ideal es encontrar soluciones, bajarle el volumen, apagar el fuego, calmar los ánimos. Se supone, pero no siempre pasa. Se requiere un poco de sensatez para ponderar el peligro de que la problemática se complique y que el costo de encontrar soluciones se vuelva más alto. Sin embargo, sobre todo en política, también existe la posibilidad de dejarlo crecer o de endosar el costo al adversario, sea responsable o no porque permite ganar en el corto plazo, pues es una manera de mostrar poder y de desgastar al contrario. A la presidenta Sheinbaum le encanta esta opción.

Cada vez que surge un problema en algún estado cuyo gobernante no es de su partido, la presidenta se sube en el tema, pero no para ayudar, sino para ahondar el conflicto. Para elevar el costo a los opositores aborda el tema en su conferencia mañanera, amenaza con echar a andar investigaciones federales, hace declaraciones tajantes sobre lo que, según ella, se debe y no se debe hacer, señala posibles delitos cometidos por los gobernantes locales y les avienta la jauría de su movimiento. En lugar de ser parte de la solución, la presidenta Sheinbaum profundiza las crisis locales.

Hasta hoy, la reacción común ante un problema serio en un estado gobernado por la oposición, es que la presidenta se suma alegremente a la madriza que le están dando a la gobernadora o gobernador en cuestión. En el caso de Chihuahua, al saberse que dos agentes norteamericanos murieron en un operativo en el que se desmanteló un narco laboratorio, Sheinbaum básicamente acusó de traición a la patria a la gobernadora panista y exigió investigaciones y culpables. Fue tal la virulencia presidencial en contra de la Maru Campos que terminó por hacerla crecer en el ánimo opositor. Al problema de los agentes muertos se le agregó el que la presidenta generó y que agudizó el conflicto no con el PAN, sino con las agencias estadounidenses.

A Mauricio Kuri, panista y gobernador de Querétaro, se le ocurrió inaugurar una escuela para policías con el embajador de Estados Unidos. Unos días antes Kuri se había declarado abiertamente “claudista”. De nada le sirvió. La señora montó en cólera -algo que se está volviendo frecuente- y prácticamente lo acusó de hacer negociaciones indebidas con el gobierno norteamericano. Más allá de que la presidenta estaba mal informada respecto del evento, le armó un escándalo al gobernador. Cualquier conocedor de la política sabe que “un presidencialazo” no es cualquier cosa. Por si había una duda del método aplicado contra el gobernador, la presidenta enfatizó: “No creo que incurra en un delito, pero sí es muy importante exhibirlo y decirlo porque si no se hace algo normal y no es normal” (La Jornada, 05/10/26).

Esta semana le tocó sentir “el apoyo” presidencial a Pablo Lemus, gobernador de Jalisco y miembro de MC. Ante el gigantesco problema que enfrenta la ciudad de Guadalajara para tener agua de calidad, miles de ciudadanos se organizaron para marchar. Como en toda marcha de proporción, hubo también provocadores. 

El gobierno tomó malas decisiones y el asunto escaló con golpeados y detenidos en acciones condenables por parte de las autoridades. Lemus rectificó y aceptó haberse equivocado. Mientras las imágenes de la marcha se convertían en escándalo nacional, Lemus prometió indagar. ¿Qué hizo la presidenta? Se le fue encima y básicamente lo tachó de represor, torturador y de entregar el agua a empresas privadas. Además, anunció una investigación de la CNDH sobe el caso. Ahora Lemus, además de su crisis local, tendrá que soportar la embestida presidencial.

Se entiende que es época electoral y que la presidenta quiere apoyar a su partido. Pero ojalá encuentre otras formas de hacerlo, que no sean complicar las crisis aventando huachicol –que es el combustible favorito de la 4T – al fuego de los conflictos locales.