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Antes de morir, cuenten qué pasó

Antes de morir, cuenten qué pasó

Actualizado: 28 de Septiembre, 2026, 08:24 PM

A quienes participaron en lo ocurrido en Iguala la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014:

No quiero conocerlos. No quiero entrevistarlos. No me interesa saber quiénes son, dónde viven ni cómo han logrado cargar durante doce años con lo que saben. Tampoco pretendo comunicación con ustedes.

Quiero pedirles algo mucho más sencillo: Escriban lo ocurrido.

No para pedir perdón. No para limpiar su conciencia. No para expiar su alma.

Háganlo simplemente para dejar constancia.

Cuenten quién dio las órdenes. Quiénes participaron. Qué autoridades sabían lo que estaba ocurriendo. Quién llegó después. A quién llamaron. Qué hicieron con los muchachos. Y, sobre todo, dónde terminaron.

Escriban y guarden el relato. Entréguenselo a un periodista, a un sacerdote, a alguien de su máxima confianza. Entiérrenlo en un lugar seguro y ordenen que se publique cuando ustedes ya no estén.

Pero déjenlo.

México lleva doce años intentando reconstruir aquellas horas.

Sabemos mucho. Existen toneladas de declaraciones, peritajes, intervenciones telefónicas, detenciones, liberaciones, nuevas detenciones, restos encontrados, restos identificados, hipótesis descartadas y otras que vuelven a aparecer.

La investigación debe superar ya miles de tomos y millones de páginas y el destino de los 43 continúa sin conocerse plenamente.

También hemos tenido varias explicaciones.

Con Peña Nieto llegó la llamada “verdad histórica”, posteriormente cuestionada por investigaciones independientes, peritajes y resoluciones judiciales. Con AMLO el caso volvió a abrirse, se reconoció como un crimen de Estado y se profundizaron distintas líneas de investigación, pero su gobierno terminó también enfrentado con las familias y con el GIEI y sin dar el resultado prometido. Ahora Sheinbaum ha vuelto a reconducir las pesquisas y su gobierno sostiene que existen nuevas líneas apoyadas en datos científicos.

Son investigaciones y momentos distintos. Pero hay algo que sí los conecta: Ayotzinapa ha sobrevivido a tres gobiernos y sigue esperando una explicación capaz de cerrar la herida.

El daño es enorme.

Peña Nieto y su credibilidad nunca se recuperaron de esta tragedia. Persiguió durante seis años al gobierno de AMLO, que prometió llegar a la verdad y no la consiguió. Y hoy está también en el escritorio de Sheinbaum.

Pero el daño político es casi secundario.

Hay padres y madres que han pasado doce años buscando a sus hijos. Algunos murieron sin saber qué ocurrió con ellos. Hay familias completas cuya vida quedó suspendida aquella noche. Y hay un país que ha visto pasar informes, fiscales, comisiones, expertos, presidentes y promesas sin obtener todavía una respuesta completa.

Por eso les pido que escriban.

Y no se hagan ilusiones: probablemente tampoco les creeríamos.

Su testimonio tendría que comprobarse. Compararse con expedientes, comunicaciones, ubicaciones, restos y declaraciones. Podría contener verdades a medias. Podría intentar proteger a unos y culpar a otros. Podría ser solamente otra versión entre tantas.

Pero serviría.

Porque existe una tragedia adicional que hemos construido durante estos doce años: la verdad, si algún día aparece completa, tendrá que abrirse paso entre nuestro escepticismo y desconfianza.

Quizá alguien finalmente explique con precisión qué ocurrió aquella noche y una parte del país responderá de inmediato: ¿quién quiere que creamos esto?, ¿a quién protegen?, ¿qué están ocultando ahora?

Ese también es el legado de Ayotzinapa.

No sólo seguimos sin saber exactamente qué ocurrió con los 43 estudiantes.

Después de doce años, tres gobiernos y demasiadas versiones, corremos el riesgo de que algún día tengamos la verdad frente a nosotros y ya no seamos capaces de creerla.

Así que, a quienes saben lo que ocurrió aquella noche, una última petición:

Antes de morir, cuenten qué pasó.

POSTDATA. El peor enemigo de una investigación es el paso del tiempo y el 33% del presente sexenio ya quedó atrás.