Todo presupuesto revela las prioridades de un gobierno. El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 suma a esta información algo más preocupante: la imagen de un país que ha dejado de invertir en su propio futuro.
México gastará el próximo año 10.6 billones de pesos, pero recaudará apenas 9.2 billones. Gastaremos 1.48 billones más de lo que ingresará al erario. Pero el problema no está solamente en cuánto gastamos, sino en qué estamos dejando de construir. La inversión física será de 1.03 billones de pesos, apenas 2.6% del PIB. La inversión pública total llegará a 2.9%. Y 83.4% de la inversión física estará concentrada en Pemex, la CFE y proyectos ferroviarios.
¿Qué queda para las escuelas, el agua, los hospitales, la ciencia y la infraestructura que necesitan millones de mexicanos? Ahí está el problema. Un país no crece sólo porque su gobierno gaste más. Crece cuando invierte en aquello que aumenta sus capacidades y abre oportunidades para quienes vienen detrás.
Pero el presupuesto parece atrapado en las obligaciones del presente. El costo financiero de la deuda será de 1.57 billones de pesos, 4% del PIB. Las pensiones contributivas y no contributivas absorberán otros 2.5 billones, 6.3% del PIB. Juntos representan más de cuatro veces la inversión física del país.
No se trata de cuestionar que el Estado pague sus deudas ni que proteja a quienes tienen derecho a una pensión. Se trata de preguntarnos: ¿qué estamos construyendo para que niñas, niños y jóvenes de hoy tengan mañana un mejor país? La respuesta está en algunas de las cifras más dolorosas del presupuesto: la educación inicial tendrá un recorte real de 51.5%; la infraestructura escolar, a través de La Escuela es Nuestra, caerá 25.5%; y la investigación científica disminuirá 22.4%.
Mientras tanto, la deuda pública llegará a 55% del PIB en 2027 y se proyecta en 56.5% para 2032. No es una discusión abstracta sobre contabilidad pública. Es una decisión sobre el país que recibirá la siguiente generación. El espacio fiscal para crear nuevas políticas públicas será de apenas 630 mil millones de pesos: 1.6% del PIB. La mayor parte del presupuesto ya ha sido comprometido antes de que comience el año.
Y tampoco hay una salida por el lado de los ingresos. La recaudación tributaria será de 15.9% del PIB y permanecerá prácticamente estancada durante los próximos años. Sin una reforma de fondo a la hacienda pública, cada vez habrá menos recursos para enfrentar las necesidades de una sociedad que envejece, que exige mejores servicios y que necesita crecer.
Lo que más preocupa del presupuesto de 2027 no sólo es que administre las restricciones de hoy, sino que reduzca las posibilidades de mañana. Y quienes recibirán esa factura no serán quienes hoy toman las decisiones. Serán los jóvenes cuando sean adultos. Serán las niñas y los niños que hoy están en las escuelas. Serán las próximas generaciones.
Un presupuesto es una declaración de futuro. Y el de 2027 deja una pregunta que no podemos esquivar: ¿estamos construyendo el país que queremos heredar o si acaso pagando el país que ya tenemos? El gobierno de México no sólo está renunciando a crecer. Está olvidando a la siguiente generación.



