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Prevención

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Actualizado: 12 de Octubre, 2026, 09:51 PM

El psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt describe en su libro “La generación ansiosa” (2024) una paradoja que puede ayudarnos a entender qué ocurre con nuestras infancias y adolescencias. Por temor a los peligros del mundo exterior, muchas madres y padres optan por reducir la libertad de sus hijas e hijos para salir, jugar y explorar.

Al mismo tiempo, les entregan un dispositivo digital con el que se conectan a otro mundo sin tener herramientas que les permitan enfrentar los riesgos que este implica. Haidt denomina a esta transición como “el gran cableado de la infancia: del parque al smartphone”. Y con ella llegaron cuatro pérdidas fundamentales: menos juego presencial, alteraciones del sueño, atención fragmentada y, sobre todo, una dependencia creciente de la aprobación ajena.

Por ello, al saber de hechos lamentables ocurridos recientemente en escuelas mexicanas, como el de una secundaria en la ciudad de Torreón, en el estado de Coahuila, esa lectura adquiere actualidad y nos devuelve un reflejo incómodo de nuestra época.

Sería irresponsable explicar una tragedia de esta naturaleza con una sola causa o atribuirla únicamente al uso de la tecnología. 

Pero también lo sería ignorar el entorno en el que crecen las niñas, niños y adolescentes, con una convivencia cada vez más dependiente de pantallas, la atención sometida a estímulos constantes y una identidad que pareciera estar en función de los likes.

Frente a esto, la presidenta Claudia Sheinbaum dio un paso importante. A partir de noviembre del presente año, entrará en vigor la restricción del uso de celulares en las escuelas primarias y secundarias. Dicha medida se acompaña del decreto que obliga a las plataformas digitales a proteger a niñas, niños y adolescentes de contenidos de riesgo, incluidos los discursos de odio y los materiales relacionados con la autolesión.

La presidenta de México abrió una ruta acertada; corresponde ahora al Congreso contribuir también para que estas medidas tengan continuidad y legalidad. La protección digital de nuestras niñas, niños y adolescentes necesita respaldo jurídico y capacidad efectiva de cumplimiento.

Se trata de contar con leyes para que las escuelas fortalezcan sus formas de convivencia y que las plataformas rindan cuentas. Solo mediante esa responsabilidad compartida podremos enfrentar la paradoja de Haidt y ofrecer a nuestras niñas, niños y adolescentes mejores condiciones para crecer con autonomía, seguridad y bienestar.