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Morena también sabe perder

Morena también sabe perder

Actualizado: 07 de Octubre, 2026, 09:42 AM

Morena todavía conserva una estructura electoral poderosa en Tamaulipas, pero comienza a cometer un error peligroso: creer que tener gobierno significa tener aseguradas las urnas.

El hartazgo ciudadano, por sí mismo, quizá no alcance para desmontar esa maquinaria. Pero las divisiones internas pueden hacer aquello que la oposición todavía no consigue sola.

Ahí está el verdadero riesgo para el partido en el poder. No perder por falta de votos, sino empezar a perder por exceso de confianza y ambición interna.

Cada aspirante que amenaza con romper, cada grupo que exige candidaturas y cada imposición construida desde arriba termina debilitando aquello que Morena presume como unidad territorial.

El partido puede resistir críticas nacionales, escándalos y campañas opositoras. Lo que difícilmente soportará sin costo es una guerra interna extendida durante cada definición municipal.

Tampico, Victoria, Ciudad Madero, Reynosa, Matamoros, Río Bravo, San Fernando y Nuevo Laredo concentran buena parte de esa tensión política rumbo al proceso 2027.

En esas plazas no bastará con colocar candidatos cercanos al poder. Morena necesitará perfiles con territorio, credibilidad, que no estén cuestionados por sus relaciones con delincuentes como se menciona en matamoros y capacidad suficiente para evitar que descontentos internos terminen migrando.

Cuando un partido gobierna, cualquier imposición pesa doble: molesta al ciudadano y también lastima al militante que esperaba participar dentro de un proceso democrático.

Ese desgaste puede abrir espacios al PAN y al PRI, incluso antes de comenzar campañas, especialmente donde existan cuadros opositores capaces de aprovechar errores y fracturas internas.

El problema se agrava porque Morena empieza a parecer demasiado cómodo administrando ventajas, como si los programas sociales y su estructura garantizaran automáticamente resultados futuros favorables.

Ningún partido es invencible. Y cuando la dirigencia comienza a confundir respaldo social con obediencia electoral, normalmente termina leyendo demasiado tarde las señales de inconformidad, porque eso no la falta de visión de personajes como Rómulo Pérez.

También existe esa carga que hoy es inevitable: aspirantes cuestionados, antecedentes incómodos y personajes relacionados públicamente con viejos escándalos que pueden convertirse rápidamente en combustible para campañas opositoras.

Morena tendría que entender que 2027 no será solamente una elección intermedia. Será también un referéndum político sobre cuatro años del gobierno de Américo Villarreal y lo van a juzgar en las urnas, a unos días de iniciar el proceso de gobernador.

Cada municipio perdido será interpretado como una señal de desgaste estatal, cada diputación cedida como debilitamiento y cada fractura como advertencia rumbo a la sucesión 2028.

Por eso resulta políticamente torpe permitir que determinados grupos conviertan coordinaciones y candidaturas en patrimonio personal, familiar o de facción dentro del partido gobernante.

La ventaja actual puede convertirse en castigo cuando quienes deciden candidatos comienzan a escuchar únicamente a sus círculos y dejan de escuchar aquello que sucede territorialmente.

Morena puede ganar la mayoría y aun así salir debilitado. Perder municipios estratégicos bastaría para cambiar la conversación política y acelerar disputas sucesorias internas inmediatamente.

El partido más fuerte de Tamaulipas también puede convertirse en su propio adversario si continúa confundiendo poder institucional con respaldo electoral permanente. La oposición todavía necesita organizarse, pero Morena ya le está proporcionando algo valioso: inconformes, divisiones, candidatos vulnerables y errores que pueden transformarse después en votos.


El caos de la USJT

La Universidad de Seguridad y Justicia merece otra clase de revisión: menos rumores y más documentos, porque ahí se administran recursos destinados precisamente a profesionalizar instituciones sensibles.

Jorge Lumbreras Castro dirige actualmente la USJT y los datos oficiales reportan crecimiento académico: 909 estudiantes inscritos hasta diciembre de 2025, frente a 594 registrados durante 2023. (Gobierno de Tamaulipas)

Además, la Universidad informó haber superado diez mil egresados en cursos de formación y especialización policial entre octubre de 2022 y abril de 2026. (Gobierno de Tamaulipas)

Por eso cualquier versión sobre deserciones masivas, licencias vencidas, compras irregulares o materiales desaparecidos necesita documentos antes de convertirse en acusación; precisamente ahí debería comenzar una auditoría seria.

Si existieron prisas para mejorar instalaciones antes de los honores del lunes y llegada de Américo Villarreal, (cómo arreglar un jardín declarado como terminado) eso puede resultar anecdótico; lo sustantivo está en nóminas, contratos, inventarios, licencias y ejercicios presupuestales comprobables.

La Auditoría Superior posee herramientas para revisar plantillas, contratos, proveedores, equipo, nóminas y avances financieros. Nada perjudica a una institución pública cuando sus cuentas resisten escrutinio. 


La USJT forma policías, custodios, investigadores y profesionales vinculados directamente con seguridad pública, aunque Jorge Lumbreras diga que solo sirven como Policías para tiendas comerciales. Precisamente por eso necesita estándares administrativos superiores, no solamente ceremonias institucionales impecables.


Si todo está correctamente ejercido, una revisión fortalecería a Lumbreras. Si existen irregularidades, también correspondería corregirlas. En seguridad pública, transparentar jamás debería considerarse una amenaza, salvo que Lumbreras no quiera por sus pantalones.