Desde mi oficina, frente a mi escritorio, a menudo pienso en mi padre, especialmente en su profunda vinculación con la charrería. Esta reflexión surge ahora que he recibido las sillas charras de montar que él solía usar, las cuales representan un modelo único de este arte tradicional.
Don Manuel Mondragón Hidalgo fue un destacado dirigente de la Asociación Nacional de Charros, y su pasión por este deporte fue siempre intensa y genuina. Era conocido no sólo por su liderazgo, sino también por su distinguida indumentaria, que incluía sombreros, chaparreras, cinturones y trajes típicos de faena, media gala, gala y etiqueta.
Durante años, tuve la oportunidad de observarlo mientras se preparaba para salir hacia el espléndido "Rancho del Charro", primero ubicado en la esquina de Ejército Nacional y Schiller, y luego trasladado a la avenida Constituyentes. A su llegada, montaba alguno de sus caballos con gran destreza, a pesar de su edad avanzada.
La inclusión, la amistad, la tradición y la cultura son palabras que describen a la charrería en México, símbolo del orgullo y la identidad mexicana. La charrería organizada tiene más de 90 años de existencia.
Sus orígenes se remontan a la época virreinal, cuando los indígenas montaban a caballo con fines laborales. Con el tiempo, los vaqueros y rancheros, conocidos posteriormente como charros, realizaban tareas cotidianas en las grandes haciendas ganaderas, minas y ranchos.
Dentro de sus actividades laborales, comenzaron a desafiarse entre sí para demostrar quién era el más habilidoso, exhibiendo destrezas para montar, lazar y controlar al ganado, habilidades esenciales en su trabajo diario.
Tras la Revolución Mexicana, estas haciendas fueron desapareciendo paulatinamente. Todo parecía indicar que las prácticas de charrería llegarían a su fin.
Sin embargo, los antiguos vaqueros se organizaron en asociaciones para preservar sus tradiciones, transformando la práctica en un deporte con reglas y estructuras formales. En 1920, Silvano Barba, Inés Ramírez y Andrés Zermeño fundaron en Guadalajara la primera agrupación mexicana de charrería, llamada "Charros de Jalisco".
Surgieron muchas otras asociaciones y se llegó a un acuerdo para crear los "lienzos charros". En 1932 la charrería empezó a considerarse un deporte, mediante un decreto del entonces presidente de México, Pascual Ortiz Rubio, y se convirtió en una celebración popular, "nació la charreada", un evento que se convirtió en una fiesta nacional.
El 16 de diciembre de 1933 se fundó la Federación Nacional de Charros, su primer presidente fue don Silvano Barba González, de la Asociación Nacional de Charros, en el periodo de 1933-1937, marcando un antes y un después en su formalización.
Durante el mandato presidencial de Manuel Ávila Camacho (1940–1946), la charrería fue declarada deporte nacional. En septiembre de 2016, fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, consolidándose como un emblema de México que trasciende fronteras. Como ejemplo, las palabras del poeta español Manuel Benítez Carrasco: "Vestirse de charro es vestirse de México".
Para culminar mi artículo y solicitando a los lectores no se me tache de presuntuoso, con alegría, pero también con gran tristeza, recuerdo a mi hermana Susana Mondragón (QEPD) quien, en 1952, con un grupo de niñas y niños, se integró a la primera Escaramuza Charra de México y por tanto del mundo, ejemplo que se extendió después en toda la república, los Estados Unidos, Centroamérica, Sudamérica y Europa.
*A mi padre Manuel Mondragón Hidalgo y a mi hermana Susana Mondragón (QEPD)



