La pregunta resulta pertinente porque nadie cree que el presidente municipal de Ciudad Juárez haya ganado la encuesta
Todo aquel que guarda algún afecto, cercanía o cierta buena consideración por la Cuarta Transformación lleva meses mirando hacia el norte con recelo. Desde hace tiempo, desde que fue evidente que la batalla habría de librarse entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuellar, estaba claro que ganara quien ganara, en Chihuahua la transformación no llegaría.
La Decisión Chihuahua –la decisión de con qué figura intentará Morena arrebatarle al PAN uno de sus últimos bastiones– ha sido tomada. Cruz Pérez Cuellar encabezará al movimiento rumbo a 2027. Consumado el anuncio y después de frotarnos los ojos y de desechar, por absurda, la tesis de que todos hemos enloquecido, me pregunto por qué.
Me quedo mirando largo rato el cursor hasta que consigo explicármelo.
Al cabo que –se lo leí muchas veces a Javier Cercas– entender no es justificar. Al cabo que comprender una decisión no la convalida. Al cabo que, frente a ambos cuadros, el movimiento profesa equivalentes cantidades de desconfianza y antipatía.
La decisión que tomó Morena en Chihuahua no es virtuosa ni transformadora –ninguna de las opciones lo era–, pero obedece a una lógica pragmática y racional que, bajo la luz serena de la retrospectiva, empieza a revelarse.
La pregunta –por qué Cruz Pérez Cuéllar y no Andrea Chávez– es pertinente porque es imposible que el primero haya ganado la encuesta. Ella –todos la vimos, nadie nos contó– llevaba más de dos años recorriendo el Estado, construyendo desde donde el obradorismo enseñó que todo comienza. Pérez Cuellar, en cambio, llegó con los bolsillos cargados de los inmensos negativos cosechados durante su gestión como alcalde de Ciudad Juárez.
La respuesta a la pregunta funda su valor en la máxima de López Obrador que sostiene que no hay que tomarle el pelo a la gente.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? ¿Por qué Morena prefirió entenderse con lo peor del PAN –viejas sombras del duartismo– antes que confiar Chihuahua a una figura formada en sus propias filas?
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? Porque más vale malo por conocido que bueno por conocer, dice un refrán cínico y longevo. Pérez Cuéllar llegará a la candidatura lleno de agujeros. Fue imputado por la Fiscalía de Chihuahua por recibir 2,5 millones de pesos de la nómina secreta de César Duarte y acumula evidencia de desvíos millonarios, contratos inflados e irregularidades administrativas. Es, en ese sentido, un cuadro atado a sus vulnerabilidades. Un hombre con tantos flancos abiertos que ofrece muchos sitios por donde agarrarlo.
Chávez –los adjetivos no son míos, los he escuchado– es escurridiza, jabonosa, difícil de sujetar. Andrea juega en favor de Andrea. Su movimiento no es colectivo, sino solitario y singular.
Donde él ofrece asideros, ella se resbala.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? La respuesta la tiene Ariadna Montiel, quien fue juez y fue parte.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? Porque la venganza es un plato que se sirve en frío. Adán Augusto López Hernández tenía facturas pendientes con la presidenta y con el partido. Chávez acabó pagándolas. Por la serpiente descendió de golpe todos los peldaños que por la escalera había avanzado.
López Hernández hizo de Chávez una hija incómoda para el movimiento entero. Le heredó priistas mañas y agravios añejos.
Queda por ver cuándo los viejos adversarios –Maru, Cruz y compañía– pagan sus propias facturas. La del grupo del tabasqueño parece haberse cobrado allí donde más duele. Sobre aquello que representaba la posibilidad de Adán Augusto López Hernández de conservar algo.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? Porque ella es muy joven y ha ido demasiado deprisa. Morena parece haber aprendido que figuras jóvenes como Marina del Pilar Ávila representan áreas de exposición por un mero destiempo.
Para Chávez hay mucho futuro. De Pérez Cuéllar es el último tren.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? Porque la ruptura de ella con Morena era improbable. Él, en cambio, conoce bien el camino externo. Ha cambiado de partido varias veces.
¿Por qué Pérez Cuéllar y no Chávez? Porque con él –y con los apoyos subterráneos que recibirá de sectores del PRI y del PAN– será para Morena más sencillo ganar la elección y pintar el gigantesco Estado de guinda. Con Andrea Chávez al frente, la batalla iba en serio.
Con Morena gobernando Chihuahua se abriría, por primera vez, la posibilidad de alterar una relación con la Federación marcada durante años por el desencuentro. Facilitará la llegada de programas como IMSS-Bienestar, permitirá ensayar una coordinación distinta en materia de seguridad y cerrar a Estados Unidos el acceso fácil por una de nuestras fronteras.
Con todo. Quien hoy celebra en silencio la victoria de Pérez Cuéllar es María Eugenia Campos. Maru está de fiesta y –en sentido contrario– nadie en Morena debería estarlo.
Como en San Luis Potosí, como en Nuevo León, en Chihuahua Morena ganará perdiendo.
Si gana Pérez Cuéllar, Chihuahua cambiará de Gobierno sin haberse transformado.



