Más allá de la monumental derrota de Trump y el partido republicano en las elecciones intermedias de EU, el pasado 3 de noviembre, mediante la cual los demócratas recuperaron la mayoría en ambas cámaras, al igual que las gubernaturas, la pregunta es cómo este hecho impactará en la sociedad estadounidense y el mundo entero. Como todo imperio en decadencia, el estadounidense vive sus últimos momentos, pues las contradicciones internas y externas parecen insuperables.
En primer lugar, la sociedad estadounidense ha perdido el equilibrio que la caracterizó por cerca de 250 años de vida independiente, donde el pacto social se rompió entre las elites blancas, luego que los demócratas llevaran al poder al primer presidente negro de su historia, en 2008, que prendió los focos rojos de los republicanos, que vieron amenazado el statu quo, ante los avances y beneficios logrados por la población de color en esos 8 años de gobierno.
En lugar de optar por un nuevo pacto social que incluyera ahora a las minorías, los republicanos buscaron en lo más profundo de sus entrañas a un personaje que enfrentara tales amenazas, hasta encontrar a Donald Trump, un empresario sin escrúpulos que logró desatar los sentimientos más obscuros de la sociedad estadounidense, que revivieron el odio y el rencor hacia las minorías raciales: negros, latinos y asiáticos, a quienes excluyeron en su nuevo proyecto.
Sin embargo, los resultados electorales muestran no sólo el rechazo de buena parte de la sociedad a dicho proyecto trumpiano, sino una inusual lucha de clases, donde negros y latinos han desafiado la supuesta supremacía blanca que pregona Trump, donde por primera vez mujeres y hombres de color y latinos encabezarán gubernaturas, así como un mayor número de curules en el congreso. Llama la atención, especialmente, los casos de Texas, tradicionalmente republicano, que será gobernado ahora por una latina de origen mexicano -Gina Hinojoza-, al igual que el de California, donde otro latino -Xavier Becerra- dirigirá la 5ª economía del mundo.
La conclusión a todo ello es que, si Trump se radicalizó hacia la derecha para detener el avance de las minorías, éstas se han radicalizado ahora hacia la izquierda, para reclamar su derecho y exigir su espacio en un eventual nuevo proyecto social.
Lo ideal sería que, a partir de la derrota, los republicanos aceptaran la posibilidad de negociar un nuevo pacto social que incluya a las minorías, aunque yo no estoy seguro de que Trump y su partido acepten tal propuesta, pues sería tanto como reconocer su fracaso. Más bien creo que la lucha de clases se recrudecerá al interior de la sociedad estadounidense.
En segundo lugar, creo que el imperio trumpiano, como todo imperio que se precie de serlo, no resistió la tentación de conquistar nuevos mercados y territorios o reclamar lo que creía suyo, empezando con su patio trasero, por lo que enarboló de nuevo la vieja bandera de la doctrina Monroe, con un agregado: “América y sus recursos naturales para los americanos y sus empresas”, la nueva doctrina Monroe S.A.
Así, invadió Venezuela, secuestró a su presidente y tomó posesión de sus recursos; endureció el bloqueo económico sobre Cuba, a pesar de que -por enésima vez- la comunidad internacional votó en contra de tal crimen; declaró a los carteles de droga como organizaciones terroristas con la finalidad, no sólo de combatirlos, sino de intervenir con ese pretexto en esos países; ha cooptado a gobiernos bananeros (Escudo de las Américas), a los cuales ha apoyado para ganar elecciones e intervenir en asuntos internos de esos países, aunque ahora todo ello quedará en entredicho ante el fracaso electoral del magnate.
Finalmente, creo que es en el escenario internacional donde el imperio trumpiano perdió más batallas y guerras, desde los ridículos cambios de nombre a mares, golfos y estrechos, que nadie asumió, hasta el inicio de guerras sin sentido como la de Irán, donde no solamente no ganó, sino que provocó encarecimientos en las gasolinas y el petróleo que acabaron impactando en el costo de la vida de sus ciudadanos, quienes pasaron la factura a su presidente. Además de las vergonzosas posturas en la OTAN, la ONU y otros organismos internacionales, donde el liderazgo de EU se debilitó fuertemente.
Así, el imperio trumpiano enfrenta su fin si los republicanos y Trump se empeñan en seguir adelante -como creo va a pasar- en su locura de detener el avance de las minorías y su exclusión del nuevo proyecto estadounidense, que requiere urgentemente de un nuevo pacto social entre todos los grupos raciales que lo conforman.
La caída del imperio trumpiano o la derrota electoral en las elecciones intermedias, cambia por completo el panorama para todos los actores de la sociedad estadounidense: para los republicanos su dilema es seguir hasta el final con Trump y hundirse hasta desaparecer o deslindarse desde hoy de él y reconstruirse; para los demócratas, la disyuntiva está en encontrar el justo medio, entre moderados y radicales, que les ayude a consolidar una nueva propuesta política que incluya siempre a las minorías; para la sociedad estadounidense el reto es no caer de nuevo en las patrañas de falsos líderes, como Trump, que sólo han provocado el desequilibrio social.
Si EU logra superar esas contradicciones internas será viable que sobreviva, aunque ya no como falso imperio, sino como una simple potencia democrática.
*Politólogo (UAM) y exdiplomático



