Columnas - Vanessa Romero Rocha

‘Fracking’, entre la convicción y la responsabilidad

  • Por: VANESSA ROMERO ROCHA
  • 17 ABRIL 2026
  • COMPARTIR
‘Fracking’, entre la convicción y la responsabilidad

En unas cuantas horas, el país entero se quedaría sin gas si Donald Trump así lo quisiera. Nos tiene acorralados. Estamos en sus manos. El volátil dirigente del país del norte se reserva la facultad de clausurar a voluntad nuestro propio Ormuz.

Nuestra realidad es imprudente. Aquel país nos provee el 75% del recurso, incluso desde yacimientos situados a escasos metros de nuestra propia frontera.

Nuestra realidad es preocupante. Mientras los países europeos tienen reservas de gas para meses, México dispone apenas de unas horas de almacenamiento efectivo. Meses contra horas es el contraste que enmarca nuestra dependencia.

¿Deberíamos entonces extraer nuestro propio gas natural? La pregunta no es otra.

Contra la extracción de gas no convencional —el eufemismo técnico para hablar de fracking— se manifestó rotundo Andrés Manuel López Obrador, advirtiendo sobre el impacto ecológico de una técnica que exige inyectar a presión grandes cantidades de agua y químicos para fracturar el subsuelo. Lo utilizó como promesa de campaña y lo planteó como posible prohibición constitucional.

Desde entonces algo ha cambiado: Claudia Sheinbaum ha abierto la posibilidad de desandar los viejos descalificativos.

No será la primera vez que Sheinbaum ensaye el riesgoso arte de corregir el rumbo marcado por su predecesor. Técnica desafiante que con deslealtad rima. Acaso sí será la primera ocasión en que desande sus propios pasos: reversa lúcida sobre aquello que en campaña prometió.

Política es tiempo: nadie puede comprometerse a la rigidez cuando amenaza la víspera. El 1 de octubre de 2024, cuando la presidenta tomó protesta, Donald Trump no alteraba al mundo con ocurrencias y amagos arancelarios. Era, a lo sumo, atemorizante sospecha. El porvenir desmiente con su llegada toda excesiva firmeza.

Sheinbaum prepara el ajuste que le permitirá extraer gas no convencional con cautela. Ha delegado la evaluación en un comité de científicos —UNAM, IPN, otros institutos— que asumirá en estos días la gravosa tarea de aprobar o detener el proyecto. Se prevé que lo encabece Cuauhtémoc Cárdenas, figura histórica de la izquierda mexicana. Si de legitimidad se trata, Sheinbaum la buscará en el más remoto pasado: en el vencedor de la elección de 1988. Hasta ese pasado se remontará para justificar su corrección.

Soberanía mata discurso; seguridad energética también. En su célebre conferencia La política como vocación, Max Weber propone que toda acción política oscila entre dos éticas irreconciliables: la de la convicción y la de la responsabilidad. La disputa incesante entre principios y consecuencias. Entre pureza y resultados.

Si Sheinbaum en campaña —y durante su vida académica como científica ambiental— insistió en los peligros de la extracción del gas natural, obedecía a la ética de la convicción. Quien se rige por ella actúa bajo la tutela de principios que no admiten concesión: la defensa de un medio ambiente sano y el rechazo a la contaminación de los acuíferos.


Continúa leyendo otros autores