Se fueron los dos el mismo día, como esos matrimonios que dicen divorciarse, pero siguen compartiendo cochera, casa de playa y tarjeta. Ella, Guadalupe Taddei, dejó el INE con una carta muy modosita sobre la estabilidad, como si la casa no se estuviera cayendo a pedazos por dentro. Él, Adán Augusto, dejó la Jucopo para irse a territorio a preparar el 2027, que en la jerga del poder es irse a su cuarto a contar el dinero y probarse el fuero frente al espejo. Conserva todo: escaño, bancada, escoltas y protección política. Deja atrás lo incómodo: la partida que creció once mil por ciento como masa con levadura, al exsecretario de Seguridad que nadie vio venir y a La Barredora, que siempre barre hacia adentro. El mismo 27, la Fiscalía, tan puntual como una suegra que avisa que no irá a comer, anunció que no investigará el huachicol fiscal. Todo es de oídas, dijeron. Qué conveniente sordera.
Es coreografía de pareja, más que agenda coincidente.
El 4 de abril de 2023 Taddei tenía dos horas estrenando silla presidencial cuando abrió la puerta del INE y dejó entrar a Gobernación con todo y tapete. Adán llegó a Tlalpan con convenio bajo el brazo y sonrisa de padrino. Ese día el árbitro, que debía pedir distancia, pidió bendición. Un año después, ya presidente de la Jucopo, Adán hizo lo que hacen los padrinos cuando se encariñan: le cambió la ley a su ahijada. Le regaló el poder de nombrar sola a toda la estructura. Treinta años de diseño colegiado, de obligar a los consejeros a ponerse de acuerdo como adultos, borrados con un plumazo. Le llamaron gobernabilidad. Era domesticación.
Y claro, pasó lo que pasa cuando pones a tu primo a manejar la caja chica: chofer fantasma de 45 mil, depósitos de proveedores que aparecen como propinas, fiestas en París pagadas por el contratista como si fuera luna de miel.
El Órgano Interno de Control tenía 41 expedientes y 45 observaciones por conflicto de interés guardaditos en un cajón de San Lázaro desde 2024. Nadie los citó. Estaban como esos recados que no quieres leer.
Debe investigarse a Adán y a su red no como falta administrativa, que suena a regaño de escuela, sino como lo que es: tráfico de influencias para hacer una ley a la medida, uso ilícito de atribuciones por poner a fiscalizar a sus militantes y encubrimiento por guardar en su cajón de Jucopo los informes del contralor. A Mario Alejo, a José Luis Hernández Villarruel, a los enlaces que firmaron sin presupuesto y a los que recibieron transferencias. Que se abra la ruta del dinero que se infló once mil por ciento en el Senado y la ruta de los 129 millones en Puebla que —oh, sorpresa— reaparece en el INE nacional con la misma empresa: JVLY. Y que alguien explique por qué la Fiscalía decide no ejercer acción penal el mismo día que renuncia el señalado, con el pretexto de que todo es de oídas, cuando tiene enfrente una red de protección llamada La Barredora.
En ese hueco entra Blanca Yassahara Cruz. Unánime, provisional, cuatro semanas, mientras la Cámara hace convocatoria. Su primer gesto fue pedir las renuncias del primer círculo de Taddeí, en el que tambien hay gente de Adán Augusto. Bien. Señal de que por lo menos va a hacer limpia. El problema es que dejó mugre en casa: en Puebla firmó 129.7 millones a la misma empresa observada por la Auditoría Superior en el INE.
Adán y Taddei no cayeron. Se replegaron. El manual sigue intacto en la mesita de noche: celebrar al árbitro, colonizarlo con ley, sacrificarlo cuando estorba y blindarse. Si no hay carpetas, si no hay inhabilitaciones, si no hay reparación del daño, lo que viene en 2027 no será una elección arbitrada. Será una elección administrada por quienes aprendieron que en este país denunciar es gratis, pero que robe el árbitro, eso sí deja.
@MaiteAzuela



